domingo, 28 de octubre de 2012

Superclásico



Una mujer sola fuma en pantaletas. Es domingo. Podría quedarse así horas y horas y luego días y días sin hablar, apenas oyendo a otra mujer que desafina a lo lejos un despecho, el grito de gol del superclásico, tan sostenido y filoso como aullidos de una jauría de animales desesperados, el grito de gol minutos después de un hombre que llegó tarde y ahora también vocifera pero solo, porque siempre están los que llegan a destiempo, al gol y a todas las cosas que de verdad importan. Esta mujer sola sabe estar encerrada, tal vez ha perdido la capacidad de comunicarse, tal vez nunca antes estuvo tan muda. Intuye que la imposibilidad de decir lo que quiere decir de la mejor manera posible, una nueva, una que desarme, es suficiente para abatirla. Querer y no poder, ese otro superclásico. Y entonces abre la boca y en voz baja, casi entre dientes, dice: la puta madre nojodaEsta mujer no medita: putea. 

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