domingo, 1 de marzo de 2015

Delirantes


Estuve internada en un sanatorio durante unos días. Compartía la diminuta habitación con una anciana que sufría una neumonía grave. Cuando llegué, no hablaba: no podía. Un día despertó y sólo decía, cual mantra, a cada enfermero o médico que se le acercase: «La puta que te parió». Era graciosa la vieja. Eso, hasta que una madrugada me despertó con sus palabras: «Me odian porque soy argentina hasta la muerte. ¡Viva Perón! Perón ha muerto: ¡Viva Perón!». Lo repitió montones de veces seguidas, como si de una letanía se tratase. Algunas enfermedades son incurables, ya sabemos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Pequeños personajes kitsch


Carlos y Eleazar eran una pareja tan perfecta como las sillas de diseño que amueblaban su apartamento de Los Palos Grandes. Como todo matrimonio perfecto, celebraban veladas en las que aseguraban que el vino servido era el mejor de Argentina, y ejecutaban una danza de dos que consistía en acaparar las conversaciones para que todos supieran de sus viajes de enamorados afortunados. Yo atendía a aquellas ceremonias impávida, mientras dilucidaba si lo que llevaba en la cabeza la directora de cine que me habían presentado era un exquisito adorno  o un centro de mesa de unos quince años. 
En aquellas reuniones todos se alababan entre todos. No sé por qué yo pensaba en el canal de la Asamblea, o en Oscar Wilde en cholas. 
De pronto una creciente alharaca en la conversación me sacó de mis infortunadas ideas: Carlos y Eleazar mostraban a todos los presentes su recién adquirido cachorro de Schnauzer. Hablaban de sus bondades, de sus manías, de los juguetes que le habían comprado, de los paseos por la calle de Boston Bakery, de las posibles parejas para las crías (ninguna ideal, todas ordinarias, ninguna a la altura de su pequeño perro gay de Los Palos Grandes).
Me mareé. En el camino al baño tropecé con una foto de los tres en el Ávila y luego con una diseñadora de indumentaria que intentó venderme sus carteras con el logotipo de la harina PAN. Juro que pensé que no llegaría a vaciar mis tripas en el inodoro; sudaba frío. 
Cuando por fin salí ya estaba decidida a marcharme. Entonces oí que Carlos y Eleazar hablaban muy en serio de bautizar al Schnauzer. Por suerte yo ya había vomitado. 

lunes, 19 de enero de 2015

Hoy, 19 de enero

Cuando salí del trabajo vi a la gente marchar hacia la casa de gobierno; a la distancia la Plaza de Mayo lucía colmada. Tomé el subte para ir a casa y, al llegar al barrio donde vivo, lo primero que noté fue que los vecinos habían trancado (cortado, aquí se dice 'cortar la calle') el cruce más importante de la zona, junto al Parque Rivadavia: Acoyte y Rivadavia. Saqué un pucho de la cartera, me detuve a oír a las cien personas que, con absoluta calma, cantaban casi en susurro el himno argentino. Al llegar al coro subieron las voces; al terminar, comenzaron las cacerolas y algunas consignas de 'abajo la dictadura'. Recordé que mis perros estaban solos y debía marcharme a su encuentro. Metros más allá de la gente, la policía resguardaba y redirigía el tráfico. Las cacerolas sonaban aquí y allá. Pensé en cuántas veces he visto a vecinos trancar calles por protestas sin ser agredidos, cuántas veces he visto a gente descontenta marchar hasta la Casa Rosada sin que ello signifique un hecho extraño. Supongo que para muchos es reconfortante pensar que Argentina está idéntica a Venezuela. 

domingo, 18 de enero de 2015

Bartleby, el venezolano que emigró



Elena adobaba la tapa de asado, Juan seleccionaba un tema en Youtube y él armaba un porro. Entonces Elena comenzó a hablar de un lugar en Caracas en el que vendían pollo en brasa y dijo el nombre de la calle.
—¿Dónde?, preguntó él con la mirada puesta en la minuciosa tarea de armar un porro derechito, esbelto, ajustado.
—Coño, Bartleby, en la calle Miranda, a dos cuadras de la plaza.
—Mira, no me acuerdo.
Juan levantó la mirada de la computadora, bebió un trago de cerveza y en un ataque de risa mencionó a Bob Abreu y lanzó:
—¡Bate, pelota, papá! ¡Bob Abreu!
Él no entendió el chiste. Prendió el porro y se puso un 7 por el resultado final del trabajo. Elena y Juan aún reían y ella mencionó que era el mejor comercial con un pelotero. Entonces Bartleby pasó el faso y dijo:
—Mira, no me acuerdo.

martes, 13 de enero de 2015

El arte de perder - Elizabeth Bishop


Vi a un viejo bandolinista llorar porque había perdido todo y ya no era nadie. Vi a un violoncelista deprimirse hasta el mutismo por el robo de su instrumento. Me vi perder la cordura y recuperarla para perderla de nuevo cada tanto. Perder, perdemos todos. 
Así retomo este blog perdido: con un poema que quise dejar en este espacio desde la primera vez que lo leí. Para que no se extravíe en la memoria. Para dejar constancia. Para ejercitarme aún más en la pérdida. 

El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.
Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.
Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.
Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Heberto Padilla, también ahora.


INSTRUCCIONES PARA INGRESAR EN UNA NUEVA SOCIEDAD

Lo primero: optimista.
Lo segundo: atildado, comedido, obediente.
(Haber pasado todas las pruebas deportivas).
Y finalmente andar
como lo hace cada miembro:
un paso al frente, y
dos o tres atrás:
pero siempre aplaudiendo.


PARA ESCRIBIR EN EL ÁLBUM DE UN TIRANO

Protégete de los vacilantes,
porque un día sabrán lo que no quieren.
Protégete de los balbucientes,
de Juan-el-gago, Pedro-el-mudo,
porque descubrirán un día su voz fuerte.
Protégete de los tímidos y los apabullados,
porque un día dejarán de ponerse de pie
cuando entres.



Heberto Padilla ganó en 1968 el premio Julián del Casal por su poemario Fuera del Juego, del que se extraen los poemas arriba citados. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba consideró que su contenido era contrarrevolucionario y, por ende, que no merecía el galardón. En 1971 Padilla fue encarcelado y torturado hasta hacerle escribir una confesión donde el poeta admitía su desobediencia a la Revolución. La declaración —que debió leer ante un auditorio resguardado por militares— es escalofriante y, al respecto, expresaron en carta enviada a Fidel Castro intelectuales de todo el mundo:

«El desprecio a la dignidad humana que supone forzar a un hombre a acusarse ridículamente de las peores traiciones y vilezas no nos alarma por tratarse de un escritor, sino porque cualquier compañero cubano —campesino, obrero, técnico o intelectual— pueda ser también víctima de una violencia y una humillación parecidas». 

En la edición en e-book disponible en el siguiente link (buscar en el apartado de poesía): http://www.papyrefb2.net/frames/index.php pueden hallarse también otros documentos sobre el tema, como textos de Reinaldo Arenas y Octavio Paz, además de una explicación más rigurosa sobre los incidentes que rodearon el caso. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Y tú ya leíste «1984»?


«Los ojos de éste le perseguían a uno desde las monedas. Sí, en las monedas, en los sellos de correo, en pancartas, en las envolturas de los paquetes de los cigarrillos, en las portadas de los libros, en todas partes. Siempre los ojos que os contemplaban y la voz que os envolvía. Despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no había escape. Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo»


«Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. «El que controla el pasado —decía el slogan del Partido— controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado»»


«Nosotros somos los muertos. Nuestra única vida verdadera está en el futuro. Tomaremos parte en él como puñados de polvo y astillas de hueso. Pero no se sabe si este futuro está más o menos lejos. Quizá tarde mil años. Por ahora lo único posible es ir extendiendo el área de la cordura poco a poco. No podemos actuar colectivamente. Sólo podemos difundir nuestro conocimiento de individuo en individuo, de generación en generación. Ante la Policía del Pensamiento no hay otro medio»


«Y, al mismo tiempo, la idea de que se está en guerra, y por tanto en peligro, hace que la entrega de todo el poder a una reducida casta parezca la condición natural e inevitable para sobrevivir»


«Lo que interesa no es la moral de las masas, cuya actitud no importa mientras se hallen absorbidas por su trabajo, sino la moral del Partido mismo. Se espera que hasta el más humilde de los miembros del Partido sea competente, laborioso e incluso inteligente —siempre dentro de límites reducidos, claro está—, pero siempre es preciso que sea un fanático ignorante y crédulo en el que prevalezca el miedo, el odio, la adulación y una continua sensación orgiástica de triunfo. En otras palabras, es necesario que ese hombre posea la mentalidad típica de la guerra. No importa que haya o no haya guerra y, ya que no es posible una victoria decisiva, tampoco importa si la guerra va bien o mal. Lo único preciso es que exista un estado de guerra»


«En el vértice de la pirámide está el Gran Hermano. Éste es infalible y todopoderoso. Todo triunfo, todo descubrimiento científico, toda sabiduría, toda felicidad, toda virtud, se considera que procede directamente de su inspiración y de su poder»


«Un grupo dirigente es tal grupo dirigente en tanto pueda nombrar a sus sucesores. El Partido no se preocupa de perpetuar su sangre, sino de perpetuarse a sí mismo. No importa quién detenta el Poder con tal de que la estructura jerárquica sea siempre la misma»


«A los proletarios se les puede conceder la libertad intelectual por la sencilla razón de que no tienen intelecto alguno. En cambio, a un miembro del Partido no se le puede tolerar ni siquiera la más pequeña desviación ideológica»


«Se espera que todo miembro del Partido carezca de emociones privadas y que su entusiasmo no se enfríe en ningún momento. Se supone que vive en un continuo frenesí de odio contra los enemigos extranjeros y los traidores de su propio país, en una exaltación triunfal de las victorias y en absoluta humildad y entrega ante el poder y la sabiduría del Partido»


«El pasado será lo que el Partido quiera que sea»


«El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra; el Ministerio de la Verdad, de las mentiras; el Ministerio del Amor, de la tortura, y el Ministerio de la Abundancia, del hambre»


«Si los Altos, como los hemos llamado, han de conservar sus puestos de un modo permanente, será imprescindible que el estado mental predominante sea la locura controlada»


«No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura»

Todas las citas pertenecen a 1984, de George Orwell. Aquí puede descargarlo gratis en formato Epub o PDF:http://tomalibros.net/descargar-libro-1984-de-george-orwell/