miércoles, 29 de julio de 2015

Titulares del Apocalipsis



-          Lo llevan preso por pedir empanada de queso y no de mechada.

-          Llevan a joven al Sebin por negarse a comer un tequeño en una fiesta.

-       Apresan por acaparamiento a hombre que guardaba una mano de cambur y 2 pollos.

-          Torturado en el Sebin dice que sólo había pedido el perro sin cebolla.

-          Encarcelan a mujer que acaparaba 2 cajas de Rivotril.

-          Trasladado al Sebin estudiante que manifestó no ser fanático de Simón Díaz.

-          Torturada la estudiante que dijo odiar a Alí Primera.

-          Reportaje especial: Cómo son tratados los apresados por hablar bien de Cristóbal Colón.

-          Hombre llena la ciudad de grafitis: “Marico el que diga Waraira Repano” y es traslado a La Tumba.

-    Vecino acusa de acaparamiento a profesor por comprar una enciclopedia.

-          Se desconoce paradero del joven que dijo estar en contra de la Cátedra Bolivariana.

-       Desmantelan supuesta mafia detrás de un Círculo de Lectura de Poesía.

-       Integrantes del Círculo de Poesía reclaman que las huellas fueron sembradas.

-          Desaparecida la mujer que protestó contra la santería.

-          Llevan preso a hombre que dijo odiar el béisbol.

-          Trasladan al Sebin a niño que dijo preferir Taco y no Toddy.

-          Hallados los cadáveres de los jóvenes que gritaban: “La trova cubana es una mierda”.

-          Encarcelan a estudiante en desacuerdo con las teorías indigenistas de Mariátegui.

-          Realizan allanamientos y queman libros de Carlos Rangel y Vargas Llosa.

  Es apresado por incitación al odio el escritor Jaime Ballestas, conocido como Otrova Gomas.

-          Asamblea Nacional declara prohibida la exhibición de cualquier obra de Zapata.


-          Mujer se queja en cola de Bicentenario y es apedreada por el resto.

-          Lo llevan preso por decir que en la IV comía sopa, seco y jugo.


-          Acusan de acaparamiento a los dueños de matas de mango.


Perder la forma humana

Publicado originalmente en Contrapunto.com

Llegó el futuro y no nos agarró discutiendo sobre viajes al espacio, sino sobre si es o no es dictadura.

Algunas palabras no son fáciles de pronunciar pero son las justas: a dictadura y exilio me remito. No las quisimos, no las esperábamos, pero ahí están, separándonos de quienes esperan vivir 500 años para poder ver las cosas en perspectiva y entonces, ahí sí, emitir un juicio.

Hace poco visité una muestra traída a Buenos Aires desde el Museo Reina Sofía: “Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los ochenta en América Latina”. Recorrí las salas con el frío en la nuca y con el asco de quien no soporta la estafa hacia una generación que jamás podrá recuperar el tiempo que le ha sido arrebatado. Y vi fotos y prometí no mostrar ni un ápice de sensiblería, pero ahí estaban: increpándome, mirándome desde el presente este nuestro, tan siniestro.

Más allá de las imágenes de protestas ocurridas en el Cono Sur a propósito de las dictaduras de entonces (muchas muy conocidas por los latinoamericanos) escojo resaltar los métodos de los que se sirvieron entonces los ciudadanos para protestar ante las claras violaciones de Derechos Humanos. En Chile se respondió muchas veces a la represión con acciones relámpago: cortes inesperados de calles mediante cadenas humanas, siluetas estampadas en las calles.

En Perú, Herbert Rodríguez y el Colectivo Los Bestias se pronunciaron en el concierto Rockacho contra las masacres de Sendero Luminoso mediante carteles. Tanto más revelador me resultó leer lo siguiente: “Muchas de estas acciones de denuncia escaparon del tratamiento anecdótico o espectacular que la información oficial daba a los sucesos y con frecuencia tomaron forma en la ironía y el humor, en lo que René de Obaldía llamó “la forma amable de la desesperación”.

Sin embargo, al final del recorrido tropecé con la piedra en el zapato: la obra “Nosotros no sabíamos”, un collage del artista argentino León Ferrari que recopila titulares de los diarios de la época del Golpe de Estado: “Las noticias reunidas dan cuenta de la presentación de habeas corpus y la aparición incesante de cadáveres (…) El procedimiento de Ferrari evidencia muy pronto no sólo el exterminio, sino también el síntoma de que buena parte de la sociedad civil hiciera como si no pasara nada”. Y entonces digo:

Nosotros no sabíamos de los miles de asesinatos anuales.
Nosotros no sabíamos de los cuerpos descuartizados.
Nosotros no sabíamos de los presos políticos.
Nosotros no sabíamos de las listas.
Nosotros no sabíamos que la política de no asignar divisas para medicamentos terminaría por matar a tantos.
Nosotros no sabíamos de los asesinos plenamente identificados y dejados en libertad.
Nosotros no sabíamos de los exiliados.
Nosotros no sabíamos del monopolio estatal.
Nosotros no sabíamos de la corrupción.
Nosotros no sabíamos del nepotismo.
Nosotros no sabíamos cuándo ni cómo había que empezar a llamar a las cosas por su nombre.
Nosotros no sabíamos y no queremos saber.
Nosotros no sabíamos. Y cuando quisimos ver, ya no éramos humanos.


lunes, 27 de julio de 2015

País portátil

Publicado originalmente en Contrapunto.com


I

Supongo que alguien ya lo dijo: hogar es donde están tus libros. Por los límites obvios que impone una mudanza a otro país, enfrentarse a la biblioteca propia para seleccionar qué llevar y qué dejar es una parte bastante desoladora del proceso de emigrar. En el año 2009 yo escogí viajar a Argentina con sólo dos títulos a cuestas: La otra isla, de Francisco Suniaga y Puntos de sutura, de Oscar Marcano. La escogencia de autores venezolanos por encima de otros no fue premeditada: fue, en todo caso, un gesto instintivo; un gesto que definió lo que resultaría esencial en mi nueva biblioteca de domicilio porteño: autores venezolanos.

Los nombres de escritores venezolanos no figuran en las librerías de Buenos Aires, a excepción de Barrera Tyszka y Gustavo Valle (y eso, si uno corre con suerte) En las librerías de segunda mano puede hallarse lo obvio: algo de Uslar Pietri, algo de Gallegos. Por eso me he valido de visitantes venezolanos para hacerme traer los títulos que, una vez leídos, guardo con celo. La harina P.A.N pasa, pero los libros quedan, diría un Jorge Tuero solemne.

II

Sábado soleado en Mar del Plata. El balneario está repleto de ancianos. Una pareja comparte unos mates. Los clásicos perros de playa corretean. Es la primera vez que salgo de Buenos Aires, la primera vez que estoy ante una playa argentina y no, no es horrible, como aseguraba mi prejuicio de margariteña. Leer en la playa tendría que ser declarado un lujo casi obsceno (y algunas obscenidades, qué duda cabe, son exquisitas), de ahí que la escogencia del título resulta fundamental y esta vez no me he equivocado: mi compañero es Valle Zamuro, de Camilo Pino. 

Pasa de irónico adentrarme en una ficción del Caracazo justo en este momento histórico y justo cuando intento no pensar en lo cotidiano y, sin embargo, transportarme al año 89 con Valle Zamuro me hace experimentar una suerte de cobijo. Entonces me digo que tal vez lo ideal sería vivir así, con un país que habita sólo en la ficción, con una nacionalidad definida por los libros. No más portales de noticias, no más artículos de opinión: sólo la ficción de los escritores de mi país. Con eso me gustaría quedarme. He ahí el problema de la felicidad –que, en mi caso, siempre tiene que ver con estar junto al mar-: lo pone a uno necísimo.

III

Birra en mano, un amigo porteño me dice que Blue Label/Etiqueta Azul, de Eduardo Sánchez Rugeles, es uno de los libros que más ha disfrutado en su vida.  Horas antes me había enviado un mensaje de texto: «Estoy en el tren, terminé la novela que me prestaste. Qué bajón todo». Pienso en la moda nefasta de hablar a cada rato de la patria y lo que puede hacerse por ella. A mí no me jodan: hacer patria es prestar libros de escritores venezolanos a los panas que vamos haciendo ahí donde elegimos ser inmigrantes.                          



domingo, 26 de julio de 2015

Creo


Creo con la punta de los dedos
Creo con el corazón alerta
Creo que no me delatará el silencio
y que de mis entrañas
brotará otra vez la salobre
tempestad del desguarnecido.

jueves, 23 de julio de 2015

El chabón anónimo


Casi todos los hombres se desviven por tener sexo. Yo no. No soy un asceta ni un amanerado que no ha salido del clóset, si es eso lo que estaban pensando. Nada más lejos. Estoy conforme con quien soy, me gusta mi apariencia; de hecho, queda mal que lo diga, pero qué mierda: luzco bastante bien, lo nota en las miradas de los otros. Pero como decía, lo mío no es el sexo. Yo sólo aspiro a fumarme un porro antes de ir a trabajar y luego otro y otro si acaso el tiempo y las circunstancias juegan a mi favor. ¿Acaso no pueden dejar a un hombre beber su cerveza en paz? Pues lo mismo con el faso, loco. Ayer pegué línea con uno de Floresta y aquí estoy, de lo más tranqui, fumando de ese que te pone de la cabeza mientras le doy al trago y pienso en quién carajos necesita sexo cuando se está así: solo y con la lucidez de los espantos. 

miércoles, 22 de julio de 2015

Revisión


Hoy transcribí mis poemas
fumé faso
me hice un mate cocido
llevé mis perros al parque
me embarré las zapatillas
tomé un café en la vereda
hice las compras para la cena
abrí un vino
leí un cuento
escribí dos poemas.
Me he ganado una licencia, doctor.

lunes, 20 de julio de 2015

Manual para las protestas

Publicado originalmente en Contrapunto.com


Visto que algunos no saben si protestar y que otros tantos acusan a quienes protestan, hoy traemos el Manual de Carreño definitivo para semejante acto de empoderamiento popular. Así pues:

No se aceptarán protestantes en cholas ni bermudas.
No se aceptarán poodles vestidos; mucho menos con la bandera.
No podrán protestar mujeres con escotes que inciten a la concupiscencia.
No podrán protestar gordos metaleros.
No se podrá protestar en Crocs.
No podrán protestar los fanáticos de Romeo Santos y Shakira.
No podrán protestar los hombres con peluquín.
No podrán protestar señoras con rollos en la cabeza.
No podrán protestar los adultos contemporáneos.
No podrán protestar los que no dicen pachamama.
No podrán protestar los viejos sobones.
No podrán protestar los que no recuerden a Yuyito.
No podrán protestar los insomnes.
No podrán protestar los amanerados.
No podrán protestar los hijos de mamá y papá, sólo los huérfanos.
Bajo ninguna circunstancia podrá hacer acto de presencia en la protesta quien ande en  cholas con medias, puesto que ello implicaría que salió raudo de su casa, por lo que se le considerará un ‘salidista’.
No podrán protestar gordas en leggins blancos porque parece que todo el país está más harto de ellas que de hacer cola para comprar pollo.
No se aceptarán protestantes con uñero ni juanetes.
No podrán protestar quienes no tengan RIF.
No podrán protestar los fanáticos de Star Wars.
No podrán protestar quienes tengan título universitario.
Prohibido protestar en trajebaño.
Prohibido sacarse selfies en medio de la protesta.
No podrán protestar quienes no hayan comulgado en las últimas dos semanas.
Si va a protestar no grite ni arme escándalo.
No podrán protestar quienes no se sepan completas, por lo menos, 5 canciones de Alí Primera.
No podrán protestar quienes hayan visto alguna vez Globovisión.
No podrán protestar los detractores de Víctor X.
No podrán protestar los que participan en jammings poéticos.
No podrán protestar los viejos que no saben usar un cajero.
No podrán protestar ni los que sueñan ni los que roncan.
No se aceptarán protestantes con camisas Columbia.
Por último, si va a protestar, mejor hágalo en la sala de su casa. Es más, no proteste: medite.