martes, 28 de junio de 2016

DealerAdvisor


Fue Roberto el que me malcrió: sus bolsas eran muy generosas, baratas y llegaban a casa a tiempo. Y era buena merca. En realidad, el dealer anterior era su hermano, pero le había cedido el negocio a Roberto, a quien llegamos a pedirle hasta 11 bolsas en una noche. Roberto parecía un triste taxista (¿de qué otra manera pueden ser los taxistas en Caracas?), pero había algo en su mirada que metía miedo. Solía ir con la familia a pasar el domingo en La Guaira y una vez hasta subió a mi departamento porque se estaba cagando. A veces pienso que me fui porque era muy buena la mercancía de Roberto.

En Caracas nunca tuve dealer de faso. Recuerdo que una vez compré en una de esas minitiendas de Sabana Grande, y la chama, que tenía una minifalda, se subió a una escalera para buscar el paquete. No tenía pantaleta y no era chama.

José Luis vende casi todo lo que quieras, pero el cabrón exige que compres mínimo dos unidades. Maneja una 4x4, tiene los brazos tatuados, oye rock y suele llevar de copiloto a una mina distinta cada vez. José Luis no es antipático, pero es pedante. Y es venezolano.

Juancito jura que sus tácticas para hablar de drogas sin nombrarlas por WhastsApp son de lo más creativas. No las revelaré, pero hasta un pibe de 5 tendría más inventiva. Juancito maneja un auto gris pequeño y siempre está oyendo salsa, porque claro, Juancito es peruano. Si apareces con alguien más, va y te dice: «Amiga, la próxima sola para hacerla corta». Es impuntual y carero.

Eduardo solo vende faso y lo hace para comprarse una camioneta y así trabajar mejor de lo que es: gasista. Es un pibe del barrio y hasta te cuenta de dónde viene el prensado que tiene y las flores. Sus precios son buenos y cada vez que nos encontramos entiendo por qué se hace llamar Buena Onda.

¿Ser chanceada por un dealer? Lo primero que debo decir de José fue que, cuando nos conocimos, me preguntó sobre Venezuela y, al oír mi respuesta, empezó a hablar del apocalipsis. Posta. Yo sentada en aquel auto esperando la vaina para bajarme y el tipo (que debe rondar los 60) no paraba de advertirme que el fin estaba llegando, que había demasiadas señales.

Pero lo cierto es que es un copado, el José. Vive en provincia y tiene un horario estricto para vender. A veces me manda audios con temas de Sandro. Sí, cantados por él a todo gañote. Como solo vende merca, nos vemos muy poco. La última vez que le escribí, me dijo: «Pensé que me habías olvidado ».

viernes, 17 de junio de 2016

Las chicas con las chicas


La fiesta es en casa de Lola, en zona sur. En la mochila Roberto lleva dos Cornejo Costas, de esos grandes, de más de un litro, faso y una birra que bebemos en el tren. Da medio groncho beber en el tren, pero bien pensado es lo de menos: los trenes son románticos en Colonia, en Amberes. Jamás en Buenos Aires.

Caminamos las 12 cuadras —llaneras, pampeanas— de la estación a casa de Lola mientras compartimos un porro. Abrimos la reja como si nada (y son varias las veces que han entrado a robar. Una de esas cargaron con la planta de faso, que ya medía casi dos metros) y mezcladas recibo la música y las voces de las chicas. Las chicas no lo digo porque sean mis amigas. No tengo amigas argentinas. Las chicas son las amigas de Roberto.

Las chicas se juntan con las chicas. Las chicas usan remeras de bandas de rock, van a la marcha del orgullo LGBT, a la de la legalización, a la del aborto. No se pierden recitales, aman a Pizarnik y a Kerouac. Algunas tienen hijos, aunque parezcan sus hermanos menores. Usan borceguíes, cadenas, son Siouxsie o Patti Smith del conurbano.

En la heladera de Lola está pegado un dibujo que le regaló Mayra: «Las mujeres solo necesitamos a las mujeres». No, ni Lola ni Mayra son tortas. 

Cuando eras niño y te hallabas en una fiesta con puros desconocidos no tenías escapatoria. De grande puedes beber o drogarte. Así que en eso me concentro. Como siempre, hay mucho vino y también, por suerte, cerveza. Mezclar pueda no ser la mejor opción, a menos que necesites un buen golpe al cerebro. No pum para arriba, sino pum, y abajo: noqueado. 

No conozco nada de la música que suena y claro, no podía ser de otra manera: toda la maldita noche hablarán de eso, de música. Bah, por ahí suena The Smiths. Chévere. Si andas con ganas de deprimirte. Le busco conversación a Lola porque es de pinga, si bien no sé de qué podemos hablar más allá de literatura y cocaína. Me cuenta que tiene un puntero, pero que no lo ubica hace semanas y quería pegar para la fiesta. Porque el tema es que Lola es la única de los presentes que no fuma, aunque plante.

Sé que ya estoy borracha. Hace poco llegó la única pareja de la fiesta, una mina relinda con una pollera diminuta en este frío y una motorizada. No, no es joda y me río del cliché porque estoy fumada. También sé que no le caigo bien a Mayra porque está al tanto de que ella a mí tampoco. Que se joda; qué ladilla.

Mayra es orgullosa. Tiene mi edad y un pibe de 11. Vive en el piso que era de la madre y nunca tiene trabajo fijo. Lo único que me contó Roberto fue que el papá del chamo es un hijo de puta y que Mayra está enganchada con un baterista que la dejó. Lola también tiene un hijo y vive en la casa que era de la vieja. Hace changas, sabe de jardinería, me contó recién. Es como un machito pero graciosa y bonita.

Pero Lola no es Mayra, y es Mayra quien no deja de molestarme. Por suerte asoma que se va a dormir. Pero alguien dice algo de política y coño, esas vainas se anticipan porque es Mayra la que pega el grito a favor del socialismo y no contaron tres cuando ya yo estaba diciéndole que se creían todos jipis y pobres pero bien que vivían en sus casas heredadas, vueltas mierda pero heredadas, que no me jodiera con tanto LGBT y legalización y con su yononecesitounmacho y no sé qué más de la pea, la arrechera y la traba. Ése es el problema con ciertas vías de escape: te devuelven al punto de partida.

lunes, 30 de mayo de 2016

La lógica del verdugo


La lógica del opresor se expande y como gas tóxico permea cada espacio. Nos convertimos en un discurso de autoayuda ambulante, una fuente de eufemismos. El poder tiene una estrategia impecable: hacerte sentir culpable. Eres culpable por consumista, por querer dinero, por quejarte, por criticar. Sometidos al infortunio algunos bajan la cabeza y, como perros apaleados, se hacen eco de la voz del verdugo.

Ahora te quieren decir que eres culpable. Como si de un pecado original se tratase. Pero tú sabes que no tienes la culpa. Lo sabes hace años, lo sabes con tu quince y último, lo sabes cada día que luchas por sobrevivir en otro país. Lo sabes cada mañana cuando te levantas con arrechera porque eres la noticia: tú, tu familia sin medicinas, tus panas desesperados y con la moral por el piso. Los jóvenes que protestan no tienen la culpa de un carajo: ¿o ya olvidamos que tienen la edad de la revolución? Afirmar que todos somos culpables es una bofetada para los hoy torturados.

Decía Susan Sontag: «Las palabras apuntan. Son flechas (...). Y cuánto más solemnes, más generales son las palabras, más se parecen a salones o túneles». Culpa es un túnel donde sumergirnos a todos para que al final nadie sea culpable. Y adivinen quién gana.

Pero tenemos miedo de señalar a quien hay que señalar, queremos ser buenos a toda costa, queremos ser más democráticos que el papa, no importa lo que eso signifique, pero siempre y cuando pase por un abrazo entre todos al ritmo de El Puma. Y que haya tequeños.

Susan Sontag también escribió: «Me parece que la doctrina de la responsabilidad colectiva, como motivo para el castigo colectivo, no está justificada jamás, ni militar ni éticamente ». No necesitamos darnos tres golpes de pecho. Necesitamos llamar a las cosas por su nombre, reconocer que si hay bien es porque existe el mal. Necesitamos dejar de lavarle la cara al socialismo y ser capaces de desnudarlo como lo que es: una máquina de matar. Incluso ideas.

martes, 19 de abril de 2016

La noche (Edgardo Castro)

La noche participa en la competencia internacional del BAFICI 2016

No sé si a estas alturas podría afirmarse que La noche es una película escandalosa. Tal vez mis viejos no la soportarían. Pero lo cierto es que no hay nada que no sepamos: de algún modo todo nos resulta conocido en La noche. Lo deslumbrante es que, en este caso, Edgardo Castro (director, guionista y protagonista) aprovecha la extrema cercanía de la cámara para normalizar lo pornográfico y hacerle actor principal junto a la droga de un día a día (o de un noche a noche) de tantos hombres y mujeres en el mundo. 

Esta normalización del tabú (escribo esta palabra y me resulta anacrónica) reposa incluso en los momentos de humor que se permite la historia o en la tranquilidad con la que se nos muestra la vida de Guada el transexual, quien brinda una gran actuación. Las escenas en su habitación de hotel de paso en Once, sola, son hermosas por lo gráciles: no hay acá ni remoto regodeo en cosas como la fatalidad del destino, la soledad, la miseria. Y eso se agradece.

No creo que la noche sea una película polémica en sentido estricto. Su carácter es otro: una sencillez que resulta más profunda como reflexión que tanta película apoyada en frases pedorras y clichés de ambientes sórdidos, y lo digo porque La noche quizás te mantiene a la espera de un suceso trágico que, por fortuna, nunca llega. Y no ocurre porque Edgardo Castro se niega a la vía fácil de la digresión moral, el golpe de efecto, la transa que acaba mal. 



La noche no es, entonces, una película polémica: es una película humana; de deseos, desenfreno, adicciones y encuentros casuales. Y también, de un modo increíble, como muestra la hermosa escena final, de sosiego y aceptación de nuestros instintos.

Como anécdota, agrego que Castro afirma que sólo dos de los actores son profesionales. A los demás (Guada, por ejemplo) los conoció en eso que tan bien narra: la noche. Y tanto lo sedujeron que decidió hacer la película con un sólo requisito: ninguno podía decir que no a sus peticiones.

jueves, 31 de marzo de 2016

Mi guía para el Bafici 2016



Tras revisar el catálogo del próximo Bafici quedé como un crío: agotada y feliz. Lo segundo, en especial, porque la oferta es magnífica: hay mucha locura, mucha comedia, secciones nuevas, buenas funciones gratis. Lo primero se debe a que hablamos de 400 películas a exhibirse en 10 días y sí, toca seleccionar aunque las entradas cuesten sólo $35. Entonces, sin más preámbulos, dejo esta suerte de guía personal por si sirve a otros a descubrir lo que trae esta edición número 18 del festival más lindo de Buenos Aires.

Cada título lleva al enlace de la página oficial del evento, con críticas, tráilers, detalles técnicos y horarios de las funciones. Y recuerden: la preventa comienza este lunes 04 de abril, aprovechen el fin de semana para planificar su grilla.

Jason Schwartzman y su perro protagonizan la historia de un slacker que, luego de ser despedido de su trabajo, pasa la mayor parte de su tiempo borracho y buscando un propósito en la vida.


La historia nunca antes contada de la selección argentina que se coronó campeona en México ‘86, en una serie documental que presentamos en dos jugosos bloques, ¡y gratis!


La Tierra se ve afectada repentinamente por una extraña enfermedad que infecta a las personas con un frenesí sexual generalizado, y los únicos que pueden salvarla son un grupo de astronautas. El resultado es un mash-up de cientos de películas porno de los setenta y ochenta.


George, una chica de 16 años, se enamora de Alex. Para llamar su atención crea un juego en el que todo el instituto va a descubrir, probar y explorar los límites de su sexualidad.


Narrada por la ex estrella de culto adolescente Fairuza Balk, esta película-collage pone a la secundaria de Hollywood bajo el microscopio, a través de material de archivo de más de 200 fragmentos de películas americanas de high school. 


Un superelenco formado por Kurt Russell, Patrick Wilson, Matthew Fox y Richard Jenkins se adentra en el Salvaje Oeste para rescatar a un grupo de personas que se encuentran cautivas dentro de unas cuevas caníbales.


Este film surcoreano cuenta la historia de Park Go, un hombre convertido en pez debido a los efectos secundarios de un fármaco experimental. Su condición de mutante lo eleva a la categoría de celebridad nacional.


Un inventor crea un par de anteojos de realidad aumentada, que utiliza para engendrar un avatar de la novia de su mejor amigo. Naturalmente, su fantasía tecnológica se vuelve contra él. 


En los años ochenta, Lucile Chaufour filmó en Super 8 a un grupo de punks húngaros que se rebelaban ante el régimen comunista. Veinte años después, regresa y les pregunta a esos mismos músicos cómo ven la vida y la música en su país antes y después de la caída del Muro de Berlín. 


Interpretar clásicos colosales puede ser una distinción actoral e incluso el anhelo más grande para muchos intérpretes, pero peligrosamente puede convertirse también en una insana obsesión. Esta brillante y singular comedia de terror tiene a Vincent Price en el rol de un actor psicótico y megalómano que se niega a interpretar cualquier personaje que no sea de Shakespeare. 

Luego de cada show, un comediante de stand-up emprende un viaje para reencontrarse con su hija, de la que está distanciado. 


Tras perderse en los bosques de Oregon, los miembros de una banda punk se convierten en los únicos testigos de un asesinato perpetrado por una temible pandilla de skinheads.


Sung-wook dirige un negocio de karaoke en decadencia y contrata a Ha-suck, una veinteañera adicta a los videojuegos. Pero cuando las cosas comienzan a mejorar, se enteran de que un asesino serial anda suelto en la ciudad.


Un camino vertiginoso, infinito y único por todos los reveses nocturnos. Sexo, drogas y bebidas se alternan entre encuentro y encuentro, creando un continuado sin tapujos, frente a una cámara tan curiosa como audaz, que se atreve a recorrerlo todo.


Los cazadores de talentos del Club Atlético Boca Juniors recorren los más recónditos clubes y canchas con el objetivo de descubrir a los futuros cracks del fútbol argentino. El film mira de cerca el trabajo de evaluar a más de cuarenta mil chicos, con el afán de encontrar a los más destacados.


Cecilia, una joven coreano-argentina, está realizando un documental. A partir de su relación con sus amigas coreanas, irá descubriendo de qué manera las distintas identidades culturales determinan la vida de las personas en su aspecto más íntimo: sus relaciones sentimentales.


Louis Theroux documenta su investigación sobre lo que pasa detrás de escena de la iglesia de la cientología.


Este falso documental con aires de comedia está situado en un mundo distópico en el que las mujeres pueden reproducirse asexualmente y los hombres se han vuelto inútiles para la sociedad. Las cosas se complican cuando la población masculina decide que es tiempo de organizar una rebelión.


Un hombre va a Berlín a buscar el cuerpo de su hermano muerto. En ese trance, manda cartas imaginarias a su hermano en Burkina Faso, mientras reflexiona acerca de la suerte de los inmigrantes.


María no tiene trabajo ni un departamento donde vivir; su vida romántica es inexistente y está distanciada de su familia. En una entrevista le preguntan qué tipo de persona es y, tras darse cuenta de que no cumple ninguno de los requisitos para ser considerada “normal”, decide cambiar.

Junto a su fiel escudero, un Quijote contemporáneo busca perdidamente a su Dulcinea desaparecida, en un insólito e hilarante debut en el que se cruzan canibalismo, sexo e internet.


En 1990, siete bailarines se unieron a Madonna en la Blond Ambition World Tour, su gira más controvertida. Ahora, 25 años después, revelan la verdad sobre la vida durante y después de la gira.


Swanson está por heredar los bienes de su padre moribundo. Mientras tanto, pasa sus días vagando sin rumbo con amigos. The Comedy toca una fibra oscura detrás del humor, que resuena mucho después de haber terminado.


Una escritora de novelas de misterio recibe la carta de una lectora y estudiante universitaria que dice escuchar ruidos extraños en su habitación. La novelista decide ayudarla a descubrir la trágica historia de la gente que vivía en su departamento. 


Un dibujante mata accidentalmente a su mejor amigo y encuentra una forma creativa de deshacerse del cuerpo. Al poco tiempo, descubre que aquel estaba viéndose con su novia y llama, sin querer, la atención de un asesino serial.


sábado, 26 de marzo de 2016

La importancia de la chola


Cuando comienza el otoño miro a mis cholas y ellas y yo sabemos lo que nos espera: una separación. Que sí, que habrá tiempo para la clásica chola con media de estar en casa (y si hemos perdido el pudor, para ir al chino). Pero no es lo mismo. Claro que no.

La relación profunda del hombre y su chola nace de la inmediatez: te levantas, te calzas tus cholas y sales de lo más raudo y sencillo por la vida. La chola está ahí cuando debes correr al kiosco por cigarrillos. Pero aun más: la chola te recibe con toda su generosidad de calzado anatómico y relajante cuando llegas del trabajo. 

Luego de un día duro, ahí están tus cholas.

Pero he aquí que también la chola hace al hombre. No conviene bajo ningún aspecto, amigos, que la chola sea intervenida más allá de sus naturales líneas simples. ¿Pero dónde hallar el límite entre lo permitido y lo escandaloso y ruin?

Una chola auténtica, diáfana, está despojada de adornos. Tal vez usted tenga varios pares de colores distintos y eso está bien. Usted es una persona sensata, confiable. Quizás es del tipo de chola con mensaje (amo Margarita), en cuyo caso sólo recomendaría reflexionar sobre qué espera de la chola en su vida.

Lo verdaderamente abominable es sumarle una plataforma a la chola, y propongo prohibición absoluta a este hecho que viola los derechos humanos en términos de estética. La chola, queridos lectores, es perfecta en su casi breve contacto con el piso. Alterar el orden de las cosas en tal sentido no sólo es vil, sino intolerable.

Y antes de decir lo más importante, os regalo un ejercicio de relajación: visualiza una chola. Siente su sereno contacto con tu pie agradecido.

Finalmente, lo fundamental: cholear es humano.


lunes, 7 de marzo de 2016

De entretiempo

Foto: @IveGrazziani

Hay un agotamiento,
como una tristeza 
avergonzada de sí misma.
El perro me observa,
me teme,
espera recompensa y
en vez de pasearlo
camino sobre recuerdos.
Nunca te dije,
pero siempre
se anda descalzo por la memoria
y ahora es mi trabajo
juntar vidrios del suelo
no temerle a la luz
marchar a la guerra.