martes, 19 de mayo de 2015

La previa


Vamos, que hay que poner las cosas en orden. Lavar las pantaletas, pagar las cuentas, dejarle las llaves del departamento a un amigo, dejarle el celular a otro. Vamos, que hay que armar la maleta. Sé fuerte: no te dejarán tener el Kindle y tendrás que llevarte libros, aunque no sean los que te apetece leer. Raymond Chandler, Balzac, Dashiell Hammett. Vamos, sin miedo. Sécate los ojos, cubre con vendas las heridas de los dedos, fuma una flor antes de partir. Vamos, ahora te van a encerrar, ¿pero no notas que aún estás escribiendo?

jueves, 14 de mayo de 2015

Dos o tres cosas que yo sé de ella


Estoy agotada de sentir que mientras más crezco menos sé de la vida, le dije. Nada hay que saber de la vida, salvo dos o tres cosas, contestó. 

miércoles, 29 de abril de 2015

Qué carajos, esto es una mierda


La primera opción del psiquiatra era internarme. De nuevo. Lo evaluó mejor y recetó una cantidad grosera de medicamentos y reposo laboral por una semana. Pensándolo bien, no creo haber reposado. Uno de los medicamentos cuesta como el 30% de mi salario. Imposible comprarlo: me quedaría sin comer (y ya como bastante poco) Me dice el psiquiatra que lo pida en hospitales públicos. Claro, debo hacer eso, debo comprar jabón, debo pagar varias cuentas ya vencidas, debo buscar un mejor trabajo, debo hacer un curso online. A la mierda: la voluntad es lo primero que se pierde. Así que no hago nada. No se trata de querer sino de no poder. Cada noche necesito un trago. Si no hay faso quiero llorar. Mentira, siempre quiero llorar, pero estoy sedada. No entiendo qué diablos le pasa a mi cabeza y los psiquiatras tampoco lo entienden. Ya he visto como a un carnaval de ellos. Odio sus caras de falsa conmiseración, su frialdad. La piscóloga no me sirve; también dejé de ir hace 3 semanas. Me urge hablar y sólo me sale callar. Me pregunté para qué diablos escribiría esto en mi blog, qué importancia tendría un lamento más. Pero, ¿no son para eso los blogs? O mejor dicho: ¿no son para lo que nos dé la gana que sean? Busco y no hay oídos prestos. Entonces me vienen a la mente todas esas ideas que los medicamentos, se supone, deben reprimir. Algunos se preguntarán por qué me expongo así y lo único que se me ocurre al respecto es que me estoy pudriendo, necesito sacar las palabras y no hay nadie alrededor. Pero no es una pierna, no es un brazo, no: es la cabeza. Y cuando la cabeza anda mal no hay mucho que hacer más que expulsar la mierda, servirse otro trago y mandarlo todo al demonio. No soy la única, quizás esto sirva. Quizás no. Me importa un carajo. 

lunes, 27 de abril de 2015

Lo evidente

—He ahí otra cosa que me pesa: siento que soy incapaz de cuidar a mis perros.
—Casi tuvieron que internarte: ¿a quién querés cuidar?

miércoles, 22 de abril de 2015

Ellos

Entran y salen hombres de esta casa y siempre es lindo verlos llegar y aburrirse porque no hay nada en común o arrecharse porque defienden lo indefendible o reírse porque han hallado la tecla. Y es lindo ver cómo maniobra cada cual con el deseo y se desbocan o se arrinconan a la espera de una fiera que bien podría ser yo si no me hubiese cansado un poco del papel. Pero siempre las piernas están abiertas, el cuello se vuelve una vasija de ruego, los pezones quieren mordeduras. Y es lindo tenerlos en la cama ya tendidos, comprobar la torpeza, derramarse. Y te quedas con el recuerdo del que abrió los brazos y trató, no sin candor, de curarte el insomnio. Es lindo verlos despertar contentos y es más lindo aún que existan para que el dolor de la soledad no sea la única idea fija.

martes, 17 de marzo de 2015

Instantánea


La nueva paciente del psiquiátrico va en silla de ruedas y tiene la piel pegada a los huesos de tan raquítica y desdichada. Sacude la cabeza, gime. Una enfermera la ha dejado en la sala de estar, frente al televisor común. De pronto se arquea y hunde la cabeza en las rodillas, como si una azafata imaginaria le hubiese exigido que adoptase la posición de emergencia. Se queja, como todos los internos, pero su locura está mucho más expuesta. El chico de la villa, que está acá por adicción al paco y la cocaína, es el único que se acerca. Le pregunta si quiere oír música. Ella asiente y él cambia el canal. Luego arrastra una silla y se sienta a su lado. Le toma la mano y la acaricia. No me dolerían tanto los psiquiátricos si no intuyese que, en el fondo, también son mi lugar. 

sábado, 7 de marzo de 2015

Caso clínico


Zacarías me comentó que había visto The Interview y no se guardó nada con respecto al veredicto: «Es malísima, sin duda». En mi rostro se debe haber dibujado una señal de desconcierto, pero el hecho es que luego se dedicó a enumerar escenas y secuencias de la película con las que había gozado un montón. «Me morí de la risa», le oí decir en un momento. Pero entonces ya yo entendía lo que pasaba: Zacarías era otro de esos graves y muy tristes casos de personas que no se toman en serio la comedia. ¿Tú me estás diciendo que una comedia es malísima pero que te hiciste pipí de la risa con ella? Sos más conservador que la Academia, querido. Hay un abismo entre vos y yo.