jueves, 10 de junio de 2010

Extracto de una carta

Querida Kelly:


No escribí antes porque no quería escribir, eso es todo. O casi. No quería escribir porque este ánimo mío no me deja ni escribir, ni pensar con coherencia –o descansar de pensar- o inventar una anécdota que fluya de un cotidiano y nulo devenir.
Tampoco quería escribirte “no tengo nada que contar”. En primera y última instancia, no quería sonar quejumbrosa, apática y negativa como un adolescente.
Pero hoy me sincero ante vos y me quito la careta: Cristina no quiere escribir porque tiene miedo; para variar, tiene miedo de todo: de cómo escribe, de cómo piensa, de quién es, qué ha hecho y qué no. ¿Por qué tengo tanto miedo? Porque intuyo adónde quiero ir y me aterra empezar la marcha, Kelly: Cristina quiere escribir.
Éste es una carta de “quieros” pues desde hace mucho rato estoy hastiada de no pronunciarlos, salvo en referencia a las cosas mundanas con las que he llenado mi existencia: drogas, chucherías, alcohol. Todos placebos para esta mujer depresiva a la fuerza que no encuentra la puerta de entrada: la definitiva, la del comienzo, la del “ya, es la hora de hacer la vida, no de pensarla y recontrapensarla”.

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