miércoles, 28 de diciembre de 2011

Una gran película


Oh! You do?
Annie Walker - Bridesmaids (2011)


Pocos días antes de terminar 2011 puedo afirmar algo que por simple no es menos extraordinario: este año fui inmensamente feliz en una sala de cine. Es irrelevante si fueron pocas o muchas películas visionadas porque hay una que sintetiza toda la dicha de la experiencia fílmica: Bridesmaids.

¿Cómo? ¿Alegría? Sí, alegría: brillante, vívida, sencilla, diáfana y sincera. Y no es poco como balance de fin de año, porque al recordar Bridesmaids concluyo que valió la pena estar aquí y haber disfrutado en grande y hasta las lágrimas de semejante película. 

Vaya, este balance es más carta de amor que otra cosa. Amor por Kristen Wiig, quien construye (como actriz principal y guionista) eso que no sabíamos que anhelábamos tanto hasta que por fin se hizo epifanía: la comedia hecha por mujeres, que no necesariamente para mujeres; de hecho, no lo es. De buenas comedias andamos todos ávidos; aún puedo recordar el vacío que dejó en mí SuperbadMcLovin, McLovin…! ¿Y ahora qué vemos? ¿Cómo hacer para prolongar la risa?), y aún antes Anchorman: The Legend of Ron Burgundy; Fun with Dick and Jane; Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby. Sí, la seña de identidad salta a la vista pues ya es mucho lo que se ha escrito a propósito de esta nueva factoría de la comedia norteamericana comandada por Judd Apatow. Pero lo lindo es que el director de Bridesmaids, Paul Feig, sube la apuesta y lo que antes fue risa generosa se convierte frente a estas seis damas en carcajada imparable, emoción e, incluso, en esa sensación de estar ante un pico difícil de igualar (todo tiene sentido, Feig ha dirigido varios capítulos de The Office)

Y Kristen Wiig. Por todos los cielos: ¡Kristen Wiig! Con el tiempo, los gestos, la voz, el cuerpo para poseer y rehacer la comedia a cada plano y cada escena ante nuestros asombrados ojos. Con esa rara capacidad para interpretar un personaje que resulta tierno de tan fracasado e inmaduro emocionalmente. Porque Annie, la protagonista de esta historia, está jodida en todo sentido concebible, pero ello jamás nos mueve a la lástima, sino al reconocimiento. Sin empleo, sin casa, sin novio y con una mejor amiga que parece haber adoptado otros gustos hasta desvanecerse y ser una persona distinta, Annie refleja (¡por fin!) a la mujer que, superada hace rato la década de los veinte años, no tiene la menor idea de qué hacer con su vida. Por eso antes afirmaba que no se trata de una película hecha exclusivamente a la medida del público femenino, después de todo, el fracaso concierne a ambos géneros por igual. Y si algo hay que agradecerle a Annie es la gracia con la que fracasa una y otra vez en su vida (ya la quisiera para mí)


Claro, hasta ahora para inmaduros y desorientados bastaba con los chicos. Durante los últimos años vimos surgir un cúmulo de películas que reclamaban la camaradería y los vaivenes de la amistad como territorio casi exclusivo de ellos; en ese sentido, para nosotras sólo quedaba la cursilería más rampante. Lo que ofrece Bridesmaids es la perspectiva de esta relación entre chicas más allá de la ropa, la frivolidad, las pijamadas, y el sempiterno diálogo sobre los hombres; todos aspectos válidos, sí (soy fanática de Sex and The City, incluidas las películas. Hey, por eso lo llaman fanatismo) pero insuficientes. Entonces alegría, porque aquí hay novedad, pero también otra cosa lanzada en cara sin piedad ni tapujos: estamos solos. Annie se ha quedado atrás mientras Lillian (Maya Rudolph) camina no al altar, sino al universo kitsch de su nueva amiga Helen (Rose Byrn) No existe amistad inquebrantable, chicas. Y todo esto lo dice Bridesmaids en clave de comedia.

Es tan sólido el reparto que cometería un acto de injusticia si no reparase, por ejemplo, en la destacable labor de Melissa McCarthy, quien borda un personaje que destaca inclusive sin necesidad de diálogos (las expresiones durante el chiflado brindis o en la despedida de soltera) La mejor prueba del acierto del casting (cada actriz en un rango de comedia; una química inmejorable entre Maya Rudolph y Kristen Wiig que deja entrever mucho de improvisación) es que Bridesmaids no cuenta con una sino con infinidad de escenas y secuencias memorables, todas logradas, claro está, a fuerza de cohesión actoral, frases dichas en su justo momento y, obviamente, un director que da espacio y tiempo a las situaciones (el avión, la boutique de trajes de novia, la rutina del auto frente al policía ­­Chris O'Dowd, de la serie The IT Crowd, el desayuno de Annie y Lilian, etc.)

Y claro, lo escatológico. Una perogrullada negar que está bien, que siendo una comedia actuada por mujeres no hay necesidad de negarle cabida a este recurso (sí, en algún lugar leí una queja al respecto) siendo que su uso es más que favorable a los fines de la película.

¡Claro que alegría! Es simple: no hay nada más prodigioso y noble que una buena comedia. Bridesmaids no es la comedia del año: es la película del 2011. Entre tanta felicidad sólo restaba un número musical…bueno, hasta eso.  

2 comentarios:

  1. Creo que esa secuencia del avión es uno de los grandes momentos del cine. Durante tres minutos Kristen Wiig canaliza a Lucille Ball como nadie lo ha hecho jamás.

    De todas las comedias que vi en 2011 (y vaya que perdí el tiempo), esta fue la única que me pareció honesta y graciosa.

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  2. Gracias por la lectura y por comentar.

    Sí, la del avión es también mi favorita y, definitivamente, pasará a la historia: la veo y la veo y no me canso de reír.

    Maravillosa, por cierto, esa analogía que haces con Lucille Ball.

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